Te debo una disculpa, Cataluña. Os debemos una disculpa amigos y amigas
catalanes. Que hayamos llegado a este punto en nuestra relación como
conciudadanos no es agradable. Un gobierno ultra-nacionalista católico ha obrado
el milagro: volver a dar voz a una feudalista España al grito de “a por ellos”,
y que afortunadamente vivía reprimida desde la transición. Únicamente se dejaba
ver cada 4 años en las elecciones generales con la cuantía de los votos dirigidos
a la organización política para delinquir llamada PP. Ese reducto del pasado,
representado por menos del 20% del país, ha conseguido reventar las normas de
convivencia. Ayer se vio (de nuevo) la cara de estos cavernícolas en las
manifestaciones: por un lado, teníamos una marcha carente de símbolos dañinos, con
un color blanco aséptico mayoritario y pancartas aclamando al diálogo (columna izquierda en la imagen). Por otro,
fuimos testigos del primitivismo español: los cavernícolas se tiñeron de rojo y
amarillo al ritmo de “que viva España” o “yo soy español” (columna derecha en la imagen). Si es que, el fútbol
ha hecho mucho mal a este país… ¿A quién en su santo juicio, en un periodo de
confrontación tan intenso donde la bandera es precisamente lo que nos divide,
se le ocurre ondearla por millares en pos de una supuesta solución al conflicto?
Mi respuesta: a aquellos que únicamente gozan de un pensamiento cavernario,
orgullosos de un estado represivo, y que apoyan la violencia como única forma de
persuasión. Éstos últimos no nos representan, ya que no eres más español por
pintarte los colores o llevar bufandas con la marca España. Simplemente, esa
actitud te convierte en un hooligan sin perspectiva. Desgraciadamente han sido
ellos los que han monopolizado la polarización y, por ello, he de pedirte
disculpas, Cataluña: no pude hacerme oír antes y, conmigo, ninguno de los que
piensan como yo en un tema tan importante. Voy a tomar prestado una de las
citas que nos legó Ernesto Guevara de la Serna en sus notas de viaje: “Quiero recalcar algo más un poco al margen
del tema de este brindis, aunque lo exiguo de nuestras personalidades nos
impide ser voceros de su causa; creemos, y después de este viaje más firmemente
que antes, que la división de América en nacionalidades inciertas e ilusorias
es completamente ficticia. Constituimos una sola raza mestiza, que desde México
hasta el estrecho de Magallanes presenta notables similitudes etnográficas. Por
eso, tratando de quitarme toda carga de provincialismo exiguo, brindo por Perú
y por toda América unida”. Yo brindo por España, Cataluña y por toda
Europa unida.
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Marea blanca (columna izquierda) y manifestación pro unidad de España (columna derecha). Fotos tomadas de elcorreo.com digital, eluniversal.com y diariodepontevedra.com. |
En cualquier caso, la situación se ha enquistado demasiado y probablemente la
mejor solución es que nos despidamos. Sinceramente, no creo que se vaya a dar
ese diálogo entre los dirigentes actuales y, posiblemente, la mejor salida es
la independencia. Pero por favor, no nos lo tengáis en cuenta. Que sólo un pequeño
grupo de este extraño país ibérico no cuente con neuronas útiles, no quiere
decir que seamos todos iguales. Os hago desde aquí un llamamiento a la
concordia desde un contexto diferente: el de dos países únicos en su ser, pero
hermanados por siglos de convivencia conjunta. España le debe mucho a Cataluña
como nación y por ello seguiremos siendo un poquito de vosotros, sea cual sea
nuestro futuro independiente. Mientras al fascismo en Europa le costara una
simple marcha militar o unas elecciones para llegar al poder, en España se
necesitaron años de una lucha cruenta para su victoria. Y ustedes, queridos
amigos y amigas catalanes, tienen gran responsabilidad en ello y por eso
representan los valores hispanos como ninguno.
Desde aquí, me despido: hasta siempre hermanos.